El referéndum de Independencia de Escocia

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Consulta sobre la Independencia de Escocia

El referéndum de independencia escocés se ha convertido en uno de los trending topic del último año en todo el mundo. Tertulias, televisiones y periódicos nos han bombardeado con informaciones al respecto en los últimos meses, y más desde que la propuesta de Artur Mas en Cataluña haya puesto a España en una situación similar. Pero para poder opinar, y si quiera para poder formarnos una opinión, tenemos que saber de dónde viene este referéndum y el por qué de esta reivindicación histórica.

Un poco de historia

Escocia entra en la historia con el nombre romano de Caledonia. En aquella época, su territorio actual estaba ocupado por la tribu de los Escotos y la de los Pictos. Los romanos nunca llegaron a dominar el país, y levantaron un muro, el de Adriano, para separar y contener a las rebeldes gentes del norte. Este muro es a grandes rasgos la frontera que se ha mantenido hasta hoy.

Al norte de esta barrera, los Pictos y Escotos, celtas, o al menos influenciados por estos, fueron formando una unidad étnica, cultural y lingüística durante la Alta Edad Media, enfrentados a los anglosajones del sur originarios de la actual Alemania. Estos dos grupos fueron los que posteriormente dan lugar a los reinos de Escocia e Inglaterra cada uno con su lengua y cultura propios. A pesar de las diferencias, el hecho de compartir solar en un espacio tan reducido como la Isla de Gran Bretaña les obligó a relacionarse, a veces mediante guerras, a veces mediante pactos, como es el de Unión de 1707, desde cuando ambos países forman el Reino Unido. Esta unión nunca fue bien digerida por una parte de la población escocesa, que no vio en ella una fusión de reinos en igualdad de condiciones, sino una absorción por parte del Reino de Inglaterra. A pesar de ello, nunca ha habido peligro real de ruptura de esta Unión.

Pero en los últimos años esta aparente tranquilidad se ha visto sacudida por diferentes hechos. En 1999 es devuelto el Parlamento a Escocia. En 2007, el Partido Nacional Escocés vence en las elecciones, gobernando en minoría. En las de 2011 consigue contra todo pronóstico la mayoría absoluta que le permite fijar la fecha para una de sus principales promesas electorales, el referéndum de independencia, para el 18 de Septiembre de 2014.

Ahora que ya sabemos el proceso que nos ha llevado hasta esta situación, pasemos a los datos.

¿Cómo se va a celebrar este referéndum?

Votarán todos los británicos mayores de 18 años residentes en Escocia,  pero también todos aquellos originarios de países de la Commonwealth, y esto es más curioso, todos los ciudadanos de la Unión Europea que residan en suelo escocés, con lo que la numerosa colonia española en este país va a estar directamente involucrada en este proceso. En estos momentos se está debatiendo también la posibilidad de bajar la edad de voto hasta los 16 años, una reivindicación histórica del Partido Nacional Escocés, que esperaba además encontrar un caladero de votos entre los más jóvenes, normalmente más tendentes al independentismo. Este referéndum es producto de un acuerdo bilateral entre el primer ministro escocés (Alex Salmond) y el británico (David Cameron), y la pregunta es muy sencilla: ¿debería ser Escocia un país independiente?

¿Qué piensan los escoceses?

 

Datos de la última encuesta realizada por el periódico The Times (9/12/13)
Gráfico: Elaboración propia
 

A un primer vistazo, la respuesta parece obvia: si el independentista Partido Nacional Escocés vence con mayoría absoluta, la independencia debería ser la opción mayoritaria. Sin embargo no es así. Una cosa es votar nacionalista y otra cosa es serlo. Es decir, a la hora de escoger su voto, muchos escoceses, que por lo general están muy apegados a su tierra, se sienten atraídos por la mayoría de las propuestas del Partido Nacional. Pero la mayoría no son todas, y precisamente la idea de la independencia no está entre las preferidas.

Centrémonos en los números: Las encuestas varían según quién las encargue pero de las alrededor de 40 encuestas oficiales que se han realizado desde el anuncio del referéndum, solo dos han sido favorables al sí. La única encargada por el Partido Nacional de Escocia, que nos habla de un 44% por ciento de la población favorable al sí frente a un 43% que quieren seguir en la unión y un 13% por ciento de indecisos y la primera de todas, encargada por el diario “The Herald”. Si atendemos a la última encuesta 9 de Diciembre de 2013, encargada por el diario londinense “The Times”, los resultados nos hablan de un 52%-33% favorable al No, con un 15% de indecisos.

Seguimos hablando en número absolutos. Si atendemos a todas las encuestas realizadas y seguimos un orden cronológico, vemos como desde la primera realizada el 24 de Agosto de 2011 (periódico The Herald) hasta la última ya mencionada, los votantes del sí a la independencia se han mantenido bastante estables, pasando de un 39 a un 33 por ciento, pero sin grandes desviaciones, quitando la mencionada encuesta del Partido Nacional que podemos ver en el gráfico inferior. Los indecisos han ido decreciendo poco a poco, con grandes altibajos eso sí, desde un 23 a un 15 por ciento, y los votantes del no han experimentado un espectacular crecimiento en el primer año, en el que pasaron del 38 al 58, para estabilizarse entre el 40 y el 50 y finalizar con un ligero repunte en los últimos meses  hasta alcanzar el 53 por ciento.

                           
                                 Evolución de la previsión de voto desde 2011
                                  Fuente: Wikipedia, whatscotlandthinks.com
                                                  Gráfico: Elaboración propia

Por Sectores

Dejando a un lado los números absolutos podemos centrarnos en los distintos grupos sociales, para hacernos una idea de la sociedad escocesa.

Si nos fijamos en la edad, tanto las personas más ancianas como las más jóvenes se decantan por la independencia. En cambio, aquellos de mediana edad prefieren la Unión. El nacionalismo es predominante en los sectores más desfavorecidos, mientras que entre las clases medias y altas tiene mucho menos arraigo. Esto es especialmente acusado en el mundo de los negocios, donde se teme que la independencia traiga consigo inestabilidad e incertidumbre a los mercados, amén de perder las ventajas de pertenecer a una de las potencias económicas mundiales y de (probablemente) dejar de pertenecer a una moneda fuerte como es la libra esterlina.

En ambientes académicos el no gana por mayoría aplastante. Encuestas en las Universidades de Glasgow y Napier (Edimburgo) dieron un resultado de un 62 y 70 por ciento de votos negativos a la independencia respectivamente. Otra encuesta entre los estudiantes del área de Aberdeen en edad de voto mostró el 75 por ciento se oponía a la separación.

 
Fuente: Wikipedia, whatscotlandthinks.com
Gráfico: Elaboración propia
 

Por regiones, si bien no se han hecho encuestas exhaustivas, no es difícil adivinar la intención de voto. El sí a la independencia ganaría en la mayor parte del territorio, pero no entre la mayoría de la población. Todo el centro y norte de Escocia es tradicionalmente independentista. Es la zona de las Highlands, tierras altas donde se conservan mejor las tradiciones, la cultura de los clanes y la lengua gaélica. Una zona que abarca el 70% del territorio, pero que está prácticamente despoblada. Las ciudades de Glasgow y Edimburgo, donde viven el 60% de los escoceses, de tradición industrial y comercial, son tradicionalmente laboristas y partidarias de la Unión, pues tanto la industria como el comercio se benefician de pertenecer a una Estado poderoso. El sur de Escocia, los Borders (fronteras) suelen votar conservador y son los más proclives a continuar unidos a Inglaterra.

En azul, regiones donde los nacionalistas obtuvieron mayoría en las elecciones de 2011. 
Fuente: Wikipedia. Gráfico: Elaboración propia
 
 

Una situación curiosa es la de las Islas Orcadas y sobre todo Shetland, alejadas de la costa escocesa, con una fuerte personalidad debido al origen nórdico de muchos de sus habitantes y que ya se han planteado la celebración de su propio referéndum de independencia. Es un tema especialmente delicado, pues en ellas están los depósitos de petróleo del Mar del Norte, una de las principales fuentes de financiación de un hipotético estado escocés independiente.

Consecuencias

Si finalmente vence el sí en el referéndum, Escocia sería un país independiente en 2016. ¿ qué consecuencias traerá para la vida cotidiana de los escoceses? Uno de los temas más comentados es si seguirá o no perteneciendo a la Unión Europea. La respuesta es un claro y contundente no. En 2012, precisamente en respuesta a una pregunta sobre el caso escocés, Jose Manuel Barroso, presidente de la comisión europea afirmó que de darse el caso, Escocia abandonaría la Unión Europea, y tendría que solicitar la admisión. Todos los altos cargos de la Unión preguntados han respondido en términos parecidos

Básicamente el escenario es el siguiente: La Unión Europea no la constituyen territorios sino Estados. Si se crea un nuevo estado, este no será parte de la Unión, independientemente de si su territorio estaba dentro de la misma antes. El único caso semejante que se ha producido fue la independencia de Argelia de 1962. Cuando dejó de ser parte del estado Francés perdió también todo derecho a permanecer en la Unión.

Escocia por lo tanto sería un país ajeno a la Unión Europea, con la que debería renegociar todos los contratos económicos, aduanas, mercado de trabajo, etc… con toda la inestabilidad que ello conlleva. Posteriormente, podría pedir la admisión, ponerse a la cola de países candidatos y cumplir con los requisitos de entrada. Es un proceso que podría llevar varios años (casi 20 en el caso de España). Pero es que aún así, el ingreso de un nuevo país debe ser por unanimidad de todos los estados miembros. Es decir, el Reino Unido podría vetar el ingreso de Escocia si así lo quisiera. Es de suponer que otros estados miembro con situaciones similares, como España con Cataluña, Bélgica con Flandes o Finlandia con Laponia también vetaría este posible acceso para evitar precedentes. En resumen, la entrada de Escocia en la Unión Europea sería como mínimo muy, muy larga.

Pasemos a otro de los temas estrella. La moneda. Se barajan tres opciones. Continuar con la libra esterlina, pasarse al Euro o crear una propia moneda nacional. La primera de ellas es la solución más fácil a corto plazo, por la estabilidad que conlleva el no tener que cambiar de moneda de un día para otro. Pero es solo eso, una solución fácil, porque implicaría también la pérdida de independencia económica respecto a Londres, con lo que la moneda que usasen los escoceses fluctuaría según los intereses de los ingleses, quienes por cierto ya ha manifestado que no están por la labor de crear esta unión monetaria. La opción de adoptar el Euro viene supeditada a la de pertenecer a la Unión Europea que ya hemos visto antes. Se ha dicho que podría usar el Euro aún no siendo parte de la Unión y es cierto. Podría usarla, pero no haría parte de ella, como Andorra usaba la peseta o como Mónaco usa también el Euro, el gobierno escocés es libre de usar el Euro, el dólar australiano, la rupia o cualquier otra moneda si así lo deseara pero no haría parte de ella, con lo que su situación económica dependería de las decisiones que tomara el banco central Europeo, al que no pertenecería y que por tanto no la tendría en cuenta. Finalmente la tercera opción, la moneda propia, es la más complicada y la que más desequilibrios provocaría a corto plazo. Pero a largo plazo es la única viable.

Respecto a la forma de gobierno, la propuesta mayoritaria es la de mantener como Reina a Isabel II, al igual que es también reina de otros antiguos territorios británicos como Canadá o Australia. Isabel, que guarda una buena relación personal con el primer ministro escocés Alex Salmond, ya ha declarado que no apoya la independencia de Escocia, pero que respetará los resultados del referéndum.

Una última curiosidad es que la bandera del Reino Unido, formada por la unión de las de Inglaterra, Escocia e Irlanda, deberá perder el fondo azul y las aspas blancas del Saltire escocés.

El libro blanco de Alex Salmond

El 26 de Noviembre de 2013, el primer ministro escocés y líder de los nacionalistas, Alex Salmond presentó su Libro Blanco, o guía para una Escocia independiente. En ella, fijaba los presupuestos básicos de cómo sería esta Escocia independiente. Su propuesta es continuar con la libra esterlina y dependiendo del Banco de Inglaterra, mantener a Isabel II como monarca y seguir perteneciendo a la Unión Europea, agarrándose a que si bien las normas de adhesión son claras, es posible cambiarlas. No menciona que ese cambio debe ser por unanimidad, con lo que en la práctica quedamos en la misma situación, lo comido por lo servido. Esta guía nos dibuja una independencia light que buscar el voto indeciso y en la que lo que cambiaría respecto a la situación actual sería la propia gestión de los impuestos y una defensa propia, algo que no convence a los más nacionalistas.En resumen, los partidarios de la independencia empezaron fuerte poco después del anuncio del referéndum, para inmediatamente perder peso hasta un punto en el que parece difícil que se recuperen. La única esperanza de los nacionalistas es convencer a los indecisos. La sensación mayoritaria de los escoceses a pie de calle es que votarían por la independencia con el corazón, pero en contra con la cabeza.Si bien las posturas están enfrentadas y parecen irreconciliables, es de destacar la capacidad de diálogo y negociación de ambas partes, que han sabido llevar el debate con respeto y educación, desde luego un ejemplo a seguir.

 

 
 

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