La leyenda del castillo de Eilean Donan

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 En las Tierras Altas y las Hébridas existe una leyenda: poderes sobrenaturales caerán sobre un niño que, tras ser destetado, reciba el primer sorbo de la calavera de un cuervo, el más sabio de todos los pájaros.

Castillo de Eilean Donan, Flickr, Sonja Pieper

Castillo de Eilean Donan – flickr.com Sonja Pieper

Hace mucho tiempo, vivía un chieftain (cacique) en Kintail que decidió descubrir si había algo de verdad en esta creencia y el primer día que su hijo pequeño Shamus fue destetado le dio a beber su primera leche de vaca del frágil cráneo de un cuervo. Durante mucho tiempo no hubo la más mínima señal de que el niño poseía algún tipo de facultad inusual. Jugaba y parloteaba exactamente igual que los demás niños y al igual que ellos a veces era bueno y a veces travieso.

Pero un día su padre se encontró a Shamus sentado bajo un manzano, mirando hacia las ramas y emitiendo sonidos extraños que no pertenecían a ninguna lengua humana. Luego, cuando el jefe se acercó al árbol el puñado de pequeñas aves que estaban en sus ramas hizo un gran revuelo y se marcharon volando alarmadas.

Oh, padre, los ha ahuyentado, dijo Shamus. Me estaban contando como eran las tierras cálidas que visitan mientras nosotros temblamos de frío en invierno y el gran océano azul que se encuentran de camino.

Pero, ¿cómo puede ser eso, hijo mío? -Preguntó el jefe. Los pájaros no hablan nuestro idioma.

Pero yo los entiendo padre, puedo hablar con ellos y escuchar su voz como si fuera la mía propia-dijo Shamus.

Y así, el jefe descubrió que el conocimiento de la lengua de las aves había sido otorgado a su hijo gracias al cráneo de cuervo.

El poder Shamus siguió aumentando a medida que pasaron los años. Las aves marinas le contaban quien venía por mar y los pajaritos que volaban cerca de la casa de su padre le hablaban de a quien habían visto en el campo. Shamus fue creciendo y se convirtió en un joven bendecido con sabiduría y valor además de con ese poder sobrenatural. Todos los miembros de su clan lo apreciaban y veían en él un heredero digno de ocupar el lugar de su padre cuando llegase el momento adecuado.

Pero una noche, mientras Shamus atendía a su padre durante la cena, este último señaló las vigas ennegrecidas del techo, donde innumerables pájaros habían hecho sus nidos, y dijo:

Dime, hijo, ¿por qué hacen tanto ruido los estorninos esta noche? nunca han estado tan alborotados.

Entonces Shamus bajó los ojos ante la mirada de su padre y respondió:

Si respondo a tu pregunta, padre, me temo que te enfadarás.

Naturalmente, esta respuesta sólo hizo que su padre sintiese más curiosidad y Shamus contestó por fin:

Los estorninos creen que algún día pueden llegar a cambiar nuestras posiciones y que yo sea el jefe y tú mi sirviente.

Castillo de Eilean Donan desde el aire, Geograph.org, Richard Dorrell

Castillo de Eilean Donan desde el aire, Geograph.org, Richard Dorrell

Tan pronto como el jefe oyó estas palabras, se llenó de ira. ¿Qué significaba tal profecía? ¿Qué un día su hijo se levantaría contra él y tomaría su herencia antes de lo debido?

Traidor, exclamó el anciano tirando su copa de vino al suelo. Traicionarías a tu propio padre! sal de mi casa! No quiero volver a verte nunca más!

Shamus, completamente hundido se despidió de sus amigos del clan, le juro a su padre su más absoluta lealtad y devoción pero aun así se vio obligado a decir adiós a sus parientes y abandonar lo que había sido su hogar durante toda su vida. Y así, se marchó de Kintail como un hombre pobre, sin nada más que la ropa que llevaba puesta. Cuando llegó a la orilla vio un barco que justamente estaba a punto de partir ese mismo día, Shamus se sintió afortunado y pidió unirse como tripulante. Navegaron por mares tranquilos y tormentosos hasta que llegaron a la hermosa tierra de Francia. Una vez allí, Shamus decidió continuar su peregrinar a pie y así se puso a caminar con paso ligero y con el corazón listo para la aventura.

Después de un tiempo llegó a un gran jardín donde flores que no había visto antes crecían sobre un manto de hierba verde. A lo lejos alcanzó a ver unas torres majestuosas que parecían querer alcanzar el cielo, supo entonces que había llegado a la casa de un rey. Al acercarse a la puerta principal, oyó un ruido que provenía de unos leñadores que estaban cortando un bosquecillo de álamos que se encontraba en el patio del palacio. Pero eso no fue todo, sorprendido, vio que todo el cielo sobre el palacio estaba lleno de pájaros, que lo inundaban todo con sus gritos ensordecedores. Tanto era así que tuvo que taparse los oídos con las manos, en ese momento un siervo se le acercó.

Shamus le dijo entonces al criado que él podría ayudarles a librarse de tal angustia y preguntó si podría llevarlo ante  el señor del palacio. El criado fue abriendo camino a través de largas galerías completamente llenas de ejércitos de gorriones, donde las damas de la Corte trataban en vano mantener una conversación por encima del insoportable bullicio, y por un cuarto lleno de grandes columnas, donde los pájaros posados en cada cornisa y cornisa ahogaban las deliberaciones de los consejeros. Por fin llegaron a una pequeña habitación donde estaba el rey. Shamus se dio cuenta de que ni las ventanas cerradas ni los centinelas que montaban guardia eran solución ya que la plaga había llegado hasta la parte más interior y resguardada del palacio.

Con su permiso, señor -dijo Shamus-, creo que de todos los hombres yo soy el único que puede ser capaz de librarle de esta maldición emplumada que ha caído sobre tu palacio.

De inmediato el rostro del rey se iluminó y un destello de esperanza brilló en sus ojos.

Si lo que dices es cierto-declaró-, tu recompensa será grande y ganarás mi gratitud eterna. ¿Pero por qué crees que de entre todos los hombres tú seas el que pueda ayudarme con mi problema?

Entonces Shamus le contó al rey su poder para hablar la lengua de los pájaros.

Tiene que haber alguna razón, señor-dijo-, para que los gorriones estén librando esta guerra en su contra. Se acercó al pequeño pájaro que estaba cerca del rey y habló con él en su propio idioma, pronunciando los mismos sonidos extraños que había escuchado su padre por primera vez hace muchos años.

Cuando terminó de hablar, el pájaro voló hasta la palma de su mano y contestó con un parloteo del cual el rey no podía entender ni una palabra, pero que Shamus parecía entender perfectamente. Por fin, se volvió hacia el rey y le dijo:

Señor la solución a sus problemas es muy simple. Usted ha provocado la ira de los gorriones al pedirle a los leñadores talar los árboles en los que tenían sus nidos y los pájaros temen que se van a quedar pronto sin hogar. Prometen que si les da los leñadores la orden de parar su trabajo dejarán de molestar.

El rey se levantó enérgico, abrió las puertas de par en par y dio órdenes a su guardia para que comunicasen inmediatamente que ningún árbol, arbusto, rama o ramita que se encontrase dentro de los terrenos del palacio debía ser podado. Mientras tanto, el Rey le juró a Shamus que, por su espesa barba y por todos los santos de Francia, si los pájaros dejaban de atormentarlo lo recompensaría generosamente.

Tan pronto como el último hacha quedó silenciada enormes bandadas de pájaros, que inundaban las todos los rincones del palacio, salieron volando para reconstruir sus nidos entre los árboles. Y desde ese día el rey de Francia no tuvo que preocuparse más por ningún pequeño gorrión.

Fiel a su palabra, Shamus fue ampliamente recompensado con un barco y gran cantidad de oro por su ayuda.

Con este elegante barco Shamus zarpó rumbo a más aventuras. Visitó las tierras de los pueblos de piel oscura, donde el oro se encontraba desatendido en el suelo y tan abundante como piedras y navegó entre islas donde ningún hombre había dejado nunca su impronta.

Donde quiera que fuese ganaba riqueza, amigos y sabiduría. Pero en todos estos lugares distantes Shamussiempre tenía presentes las colinas, las pequeñas lagunas de montaña y laderas de brezo de su tierra natal. Después de diez años de viajes no pudo soportar su gran deseo de volver a casa y ver a su pueblo una vez más.

Un día, la proa dorada de su navío se abrió paso a través de las calas del mar brumoso de las Hébridas. Cuando vieron a la gran nave allí los miembros del clan se quedaron sin aliento ante tal magnificencia. ¿Quién podía ser aquel desconocido? Llevaron la noticia a su antiguo jefe y este salió para dar la bienvenida al extranjero y ofrecerle su hospitalidad. No reconoció a su hijo hecho ya un hombre. Shamus aceptó con agrado la recepción propia de un noble que le fue dispensada.

Pero esa noche, durante la gran fiesta que se había preparado para él, Shamus reveló su identidad y abrazó a su padre que seguía sin reconocerlo. A pesar de la sorpresa, el viejo jefe, siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, que decretaba que el dueño de una casa debe servir a un invitado de honor, trajo vino a Shamus. Mientras el anciano le llenaba la copa Shamus dijo:

Oh, padre, ¿no me reconoces? soy yo, tu hijo, a quien desterraste lleno de ira por la profecía de los pájaros. Ahora que la profecía se ha hecho realidad vuelvo a asegurarte que la idea de la traición nunca estuvo en mi corazón, ni que jamás tuve ningún mal pensamiento contra ti.

A estas palabras, el anciano se levantó y lleno de alegría se echó sobre Shamus. Con todos los miembros del clan presentes restauró el nombre de su hijo y su derecho de herencia sobre sus tierras.

Cuando Shamus contó su historia de viajes su fama se extendió por todas partes, hasta que por fin llegó a oídos del mismísimo rey de Escocia. Por aquel entonces, la costa occidental estaba permanentemente acosada por los ataques de los vikingos y el rey deseaba encontrar a un hombre de confianza que pudiese poner al mando de una fortaleza en esta parte del país. Llamó a Shamus a la corte y al ver que era un hombre de sabiduría le mandó construir el castillo de Eilean Donan para que comandase ese bastión contra los invasores nórdicos.

Volver al tour de tres días a Skye.

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